Salió del grupo” tres palabras que pueden generar ansiedad, tristeza, dolor, sensación de rechazo, confusión, inquietud, en algunos de los integrantes de ese chat de whatsapp que ahora cuenta con un integrante menos.

Y empiezan las llamadas para preguntar ¿por qué te saliste? ¿estás bien?

¿Quién dijo que estar en un chat es para siempre?

Reconozco la utilidad de esta red social.

Nos permite estar en contacto con personas con las que compartimos afectos e intereses.

Facilita la comunicación cuando estamos tomando algún curso o estamos en una actividad profesional.

Nos mantiene comunicados con nuestros seres queridos.

¿Y qué pasa cuando esa actividad profesional o curso o proyecto o reunión circunstancial ya cumplió su ciclo?

¿Por qué seguir en un grupo que ya no aporta al objetivo inicial?, ¿Por qué estar en grupos en los que no te preguntaron si querías estar?, ¿Por qué tener en el celular un panteón de chats en whatsapp que ya no están vigentes?

Sin embargo, las preguntas para mi son

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo salirnos de grupos de whatsapp que ya no nos genera bienestar?

¿Por qué vivimos como algo “personal” el que una persona “salga del grupo”?

¿Por qué invertimos nuestra preciosa energía de vida leyendo información que ya no nos resuena? ¿Por qué invertimos tiempo en borrar los contenidos de chats que ni siquiera leímos, al ver que había 45, 65 … mensajes?

¿Quién dijo que los grupos son para siempre?

¿Estaremos frente a una nueva forma de dictar reglas y “deberías” sociales para “ser aceptados, para pertenecer, a cualquier costo?

Me acabo de enterar que Facebook te da la opción de dejar de seguir a alguien sin “dejar” de ser “amigos”

¿Por qué querría tener un “amigo” si no me interesa lo que comparte?

Estas son algunas de las preguntas que me venía haciendo y encontré las respuestas en este artículo de Sara Espejo, en el sitio “rincón del tibet”.

No agrego mas a mi comentario. Ella te llevará de la mano hacia tus propias respuestas, como lo hizo conmigo.

Gracias Sara por darme claridad, fuerza para ser congruente con mi energía de vida.

Por cada día de sociedad, necesito cien de soledad

“Sí, es cierto que la sociedad nos puede abrumar, que podemos sentir que cada día lo que se persigue a través de sus funciones, es controlar al ser humano a tal punto de doblegarlo por completo, de quebrarle su espíritu y de hacerlo parte de un sistema que nada tiene que ver con su esencia.”

Muchas veces regimos nuestras vidas por adaptarnos a los estándares de una sociedad, qué haremos con nuestras vidas, qué tipo de pareja elegiremos, si tendremos o no hijos, cómo los criaremos, qué ocupará la mayor parte de nuestro tiempo, etc… Y en esto, en preferir el qué dirán o el buscar el reconocimiento ajeno, se nos puede ir la vida entera.

Es imposible desandar lo andado, cada sociedad ha llegado a donde está luego de muchas décadas, de muchas luchas, de muchas adopciones.

Hoy en día ir en contra de la sociedad o solo pensar en tomar un camino que no se adapte a lo que nos indican las normas es un riesgo que pocos asumen.

En lo particular, doy carta abierta a todo aquel que levante su mano y diga “me quiero bajar, ya estuvo bien de la rueda de hámster”. Es de valientes andar por un camino en donde nada está escrito, donde solo podemos ser guiados por nuestra intuición y por las ganas de llegar a donde una sociedad difícilmente nos invitará.


Sin embargo, no podemos ser injustos, porque el llevar la contraria a lo que tiene mucho más tiempo que nosotros como nos conocemos, trazando nuestro camino, es si se quiere, antinatural.


El desligarnos de tantas reglas, normas, del deber ser, no es una tarea sencilla, sin embargo, es nuestra responsabilidad abrirle paso a lo que realmente deseamos y sobre todo permitirnos ese espacio en el cual nos descubrimos, nos aceptamos y nos fijamos un norte, que no necesita ser aceptado por nadie más, solo nos pertenece a nosotros.

La soledad es a veces la respuesta natural una sociedad que podemos sentir que no nos aporta, que no pretende nuestro bienestar, sino nuestro control.

Sin embargo, si comenzamos a iluminar nuestro pequeño universo, si nos aceptamos como somos, si impulsamos a quienes nos rodean a ir tras sus sueños, si permitimos a los demás ser quienes quieran ser, desde el amor, estaremos contribuyendo a crear una realidad diferente, donde el control se sustituye por el amor.

Recordemos que nada impuesto llena, que debemos querer para el otro, lo que él quiera para sí mismo y esa libertad otorgada le hará bien al otro y nos hará bien a nosotros. Y desde allí, estaremos de alguna manera redefiniendo sociedades.

Tere Bermea®

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